Confinamiento: Día 68


Esteban miró la punta del cigarro, su flama, sus líneas ignífugas y su calor… buscaba respuestas para el bloqueo creativo ante el tic tac de la página en blanco

 

         -No joda.-

 

         Ya tenía 3 días sin dormir en un intento de copiar el método creativo del insomnio que consistía en tomar, café y fumar para provocar un estado de inconsciencia activa que dejara fluir las ideas.

 

         -Esta mierda no ayuda.-

 

         Pasó de la sala al cuarto y encendió la TV en un vano intento de captar alguna señal de canales abiertos pero nada; había pasado una semana desde el fin de la televisión por suscripción en el país y desde entonces, no podía ver nada.

 

         Esteban volvió a la sala, se sentó en la computadora, abrió Netflix para intentar ver una película pero el internet tenía muy poca señal.

 

         -Coño de la madre vale, no joda…- Se quitó sus lentes

 

         -Tranquilo, paciencia que eso se arregla pronto.-

 

         Esteban se sobresaltó, vivía solo.

         -¿Quien anda allí?-

 

         -¿Soy yo Esteban, no me reconoces?-

 

         Miró por toda la sala y no veía a nadie, sólo estaban sus fotos, muñecos de colección, ceniceros y muebles.

 

         -Ponte los lentes y mira bien pajizo, estoy acá, siempre he estado aquí.- dijo la voz con impaciencia.

 

         Esteban se puso sus lentes y lo único que atinó a ver fue un pequeño muñeco Troll que le habían traído desde Noruega hacía años.  Se acercó lentamente al pequeño souvenir.

 

         -¿Eres tú?.-

 

         -Claro que soy yo muchacho pendejo.-

 

         De un brinco esteban cayó de espaldas mirando al muñeco.

 

         -¿Qué vaina es esta?, Zape huevo vale-

 

         -¿No te han dicho que tienes la boca sucia?, para ser un escritor dices muchas groserías y creo que manejas muchas palabras más que simples vulgaridades.-

 

         -Cuando te asustan no dices cosas como Recórcholis o Zambomba pedazo de Troll.-

 

         -Me llamo Berg, por favor.-

 

         -Ok, Berg- Esteban se sentó frente a la mesita donde estaba el Troll.

 

         -¿Qué quieres?.-

 

         -La pregunta es, ¿Qué quieres tú?, tengo rato viéndote chillar como un verraco que va de un lado a otro.

 

         -¿y qué quieres que haga?, necesito escribir y nada me sale. He probado todo, café, cigarros, refrescos, ron pero nada parece salir de mi cabeza.-

 

         -Bueno, caspa si te sale porque tienes como 3 días que no bañas.-

 

         -Coño, hablo en serio.-

 

         -Si, lo sé, pero que esperas, soy un Troll, tengo que “Trollear”.-

 

         -Bien bueno vale, me tocó un Troll jodedor.-

 

         -Mira, es sencillo, todo va a fluir, pero estás muy tenso vale, relájate. Mírame a mí, sentado todo el día en tu sala, mudo, tuve que aprender español solito sentado como un huevón viendo todo lo que pasa acá, cuando viene tu novia, que está buenísima por cierto, como te tiras los peos, te sacas los mocos y bueno, cuando ves porno, muy asqueroso por cierto.  Pero al final, todo se resuelve.

 

         -Ahora eres psicólogo, Berg el psicólogo.-

 

         -Así no vamos a avanzar, creo que es mejor un cambio de perspectiva.-

 

         Con un sonido de la boca de Berg, Esteban vio como Berg tomó su lugar, se hizo inmenso y se dio cuenta que ahora él era una estatua sin poder moverse en medio de la sala mientras que el Troll había copiado su apariencia.

 

Tomó los lentes y se los puso -Listo, así está mejor, todo se soluciona si cambias la forma de ver las cosas.-

 

         -Mira, de la jodedera y vuélveme a mi forma normal.-

 

         -¿Para qué?, siempre te quejas, no disfrutas tu existencia, tener tu casa propia, tu novia, ni tu capacidad de escribir, así que mejor yo tomo el relevo y que tu veas… bueno, mejor te doy la vuelta para que no digas que soy desconsiderado.-

 

         En ese momento sonó el timbre y Esteban recordó que ese día Eloísa iba a ir a su casa a quedarse el resto de la cuarentena con él.

 

         -Ajá, esa debe ser Eloísa.-

 

         -Berg, no,  no la toques.-

         - Detenme, si puedes.- y avanzó hacia la puerta.

 

         Esteban levantó la cabeza del teclado de la computadora donde se había quedado dormido. El timbre seguía sonando; sobresaltado se revisó, tocó su cara, vio su cuerpo normal y se alegró.

 

         -Verga pana, fue un sueño, na huevonada.-

 

         -Esteban, ¿Estás allí?.- desde el pasillo la voz de Eloísa se filtraba en el apartamento.-

 

         -Voy- y abrió la puerta.

 

         -Tenía rato llamando, ¿estás bien?.-

 

         -Si, todo bien, me quede dormido.-

 

         -¿Y tus lentes?.-

 

         -No lo sé- Miró directo al pequeño troll en la sala y allí estaban sus lentes en la cara del pequeño souvenir que le sonreía.


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