Confinamiento: Día 75


        Hermágoras tenía casi 1 mes sin trabajar; a pesar de la cuarentena, su taxi siguió funcionando bajo la mirada complaciente de los policías y a cada cliente que se subía le decía:

 

         -Mi compadre, si yo no trabajo no como y ese virus es puro cuento, yo me tomo mi malojillo con limón, miel y cebolla morada y listo.-

 

         Algunos pasajeros reían las gracias, otros no tanto pero el hombre se mantenía firme en su convicción y sólo usaba tapabocas para que los clientes se sintieran confiados de subirse a su viejo Chevy 78. 

        

         La escasez de gasolina había obligado a Hermágoras a parar su carro y los ahorros estaban bajando; en su mente una idea se preparaba y la contó a su esposa Lucilda:

 

         -Fíjate esto Luci, el carro arranca con gasolina porque se enciende en el motor y lo hace funcionar, si yo agarro y cambio la gasolina por una bombona de gas puedo poner la nave a circular y volver al trabajo.-

 

         -Coño Hermágoras, no te pongas a inventar mira que esa vaina es peligrosa.-

 

         -Ya mujer, eso si aplica, mira, el compadre Luis está haciendo esas cosas en su taller y me dijo que es seguro, sólo necesito llevarle el carro y él lo adapta para que funcione fino, además tenemos la bombonita de reserva en la bodega del fondo, la uso y luego la compro.-

 

         -No lo sé.-

 

         -Bueno, yo si sé,  mañana hago esa vaina para ponerme a trabajar porque igual, no tenemos plata y me ladilla estar encerrado todo el día en casa.  

 

         A media mañana, Hermágoras salió de su casa, se sentó en su Chevy y se dispuso a encenderlo.

 

         -¡Hermágoras- gritó Lucilda.-

 

         -¿Qué pasó mujer?

 

-Toma tus lentes.-

 

-Coño, ya me iba a joder, gracias Luci. Me voy a tardar, nos vemos en la noche.

 

Se despidieron y Hermágoras tomó rumbo hacia el taller de su compadre que lo recibió con un abrazo.

 

-Epa mi compadre, ¿Cómo estás?, Coño, ¿tú también andas con tapaboca?, esa vaina es paja.-

 

-Jajaja, coño compadre, la gente no se sube si no tengo la verga esta, yo no creo nada de eso, igual me tomo mi tecito en las noches y listo, lo natural y se mata con yerba lo malo.-

 

-Más nada y con cerveza también.- Dijo mostrando dos cajas de cervezas que había comprado.

 

-Coño mi compadre, usted si me conoce- dijo Hermágoras con una sonrisa complacida.

 

-Jajaja no nos hemos visto en mucho tiempo y esto es para celebrar mientras montamos la bombonita para la nave. Eso es rápido y el resto nos sirve para comernos un sancochito y pasar la tarde.-

 

Los amigos estacionaron el carro, levantaron el capó y dedicaron la tarde a beber, comer y adaptar la bombona de propano para que sirviera de combustible en una labor que siguió hasta el ocaso cuando ya la pronunciación estaba enredada, la vista movida y el ánimo encendido.

 

-Compadre, ¿Estás listo?.- Preguntó Luis bajo el capó

 

-Listo compadre, cuando tú digas.-

 

-MIERDA.- 

 

-¿Qué pasó?.- Dijo Hermágoras bajándose del carro.

 

-jajajaja verga, esta manguera estaba floja, si me descuido nos vamos pal´ carajo.- Luis se inclinó, con un alambre apretó la manguera de goma.

 

-Coño, ¿Qué pasó compadre?.-

 

-Nada chico, eso está listo, siéntate y prende la nave.-

 

         El carro encendió, aceleró y pudo moverse sin fugas, por un momento hubo un sonido.

 

         -¿Qué vaina es esa compadre?.-

 

         -Tranquilo que todo está listo compadre.-

 

         Para celebrar Hermágoras y Luis siguieron tomando hasta acabar las dos cajas de cervezas y una botella de ron

 

         -Coño compadre, la vaina ta´buena pero yo me voy que mañana vuelvo al trabajo.-

 

         -Vaya, con esa adaptación tienes Chevy pa´rato y sin problemas.

 

         -Voy a revisar otra vez, para asegurar.-

 

         -¿Qué es?, ¿A estas alturas vas a desconfiar?.-

 

         -Jamás compadre.-

 

         -Entonces súbase que ya todo está listo.-

 

         -Es verdad, confío en usted compadre.-

 

         Hermágoras se subió, encendió el carro y se puso en marcha pero si hubiese revisado bajo el capó se habría dado cuenta que el alambre que aseguraba el paso de gas al motor no estaba bien apretado y que con cada vibración, con cada minuto que pasaba en el camino se soltaba cada vez un poco más.


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