CONFINAMIENTO: Día 134


         El aroma del café recién hecho llenaba la cocina de la casa. Un pan dulce y la taza con el café estaban frente a Renato en el día más importante de su vida; las 24 horas que había querido evitar desde hacía muchos años.

         Su casa con amplio jardín, terraza con vista a la ciudad y árboles llenos de pájaros tenía años vacía, habitada sólo por las fotos de una familia que ahora estaba fragmentada y con la pulcritud y nitidez que sólo brinda la soledad.

         La cuarentena no había afectado a Renato, los años lo habían llenado de solitud; con la excepcional compañía de alguna amante, no recibía muchas visitas, sólo salía puntualmente a su trabajo pero la mayoría de su trabajo podía desarrollarlo desde casa. Verse obligado a quedarse en casa la mayoría del tiempo no representaba una alteración a su estilo de vida anacoreta,

         Luego de haber comido su pedazo de pan dulce, se sirvió una nueva taza de café, se colocó su mejor saco y se sentó en el estudio frente a su laptop. Tenía una bitácora que le tomaría toda la tarde pero esperaba cumplir con todas las llamadas del día y rogaba porque la conexión fuera benevolente

        

         GUSTAVO

         -¿Aló?-

         -Hermano-

         -Hermano, ¿cómo estás?-

 

         Gustavo y Renato habían sido amigos toda la vida, se conocieron a los 8 años y desde pequeños siempre mantuvieron el contacto y fomentaron esa unión que consideraban un regalo de la vida. Ser hijos de madres distintas pero hermanos de la vida.

         Gustavo se había mudado fuera del país y tenía dos horas de retraso, en su reloj marcaban las 7 de la mañana mientras que para Renato, ya pasaban las 10.

 

         -Todo bien mi pana, en casa pasando esta cuarentena -

         -Así ando yo también, acá flexibilizaron las medidas y, en teoría, puedo salir, pero realmente no tengo por qué hacerlo, la compañía va sobre ruedas.-

         -Tú supiste anotar un golazo con esa importadora-

         -No me iba a morir de hambre porque me hayan botado de la agencia, tú sabes que si me quedo quieto me oxido.-

 

         Ambos rieron y recordaron ese trance tan duro cuando la agencia de publicidad en la que trabajaba Gustavo lo acusó, hace 20 años, de haber cometido plagio en una campaña y lo despidió sin profundizar en los hechos. Luego de probó que era inocente pero él no quiso regresar, aunque aceptó una indemnización de “cortesía” junto con su liquidación que le permitió fundar una importadora de alimentos y desde entonces su prosperidad no ha fallado.

 

         -¿Tú como vas?-

         -Bien, el proyecto está por terminar, hoy espero un correo muy importante que luego te compartiré. Voy por algo grande.-

         -Coño viejo, suena bien.-

         -¿Te das cuenta que en nuestro caso ya decir “viejo” no es una expresión sino una cruel afirmación de la realidad?-

         -No seas marico, viejo serás tú que con esa barba y la calva pareces a nuestro profesor de matemáticas del colegio-

         -jajaja es una buena comparación, su clase fue la que me llevó hacia los números-

         -Eso sí, más de una vez me salvaste el culo en esa clase-

 

         Gustavo sabía que esa llamada no era simplemente para actualizar la vida de cada uno, percibía la preocupación de su amigo.

 

         -¿Qué pasó Renato?, ¿Todo va bien?-

         -Si vale, sobre ruedas. Estoy un poco cansado, he trabajado mucho en este proyecto. Estar en una empresa internacional es fuerte y no he estado durmiendo bien.-

         -Eso se nota, tienes ojeras de mapache-

         -Esas tiene tiempo hermano. ¿Pero dime, ¿cómo están Martha y los muchachos?-

         -Martha sigue dormida, si la despierto me arriesgo a una mañana de mal humor que ni te cuento, así que mejor que descanse. Los muchachos están excelentes, ya Pedro está por salir de la universidad y Renato está acá en casa con nosotros, estaba de visita con su familia cuando decretaron la cuarentena y le tocó quedarse hasta que reactiven los vuelos.-

        

         En ese momento el brazo de un niño pequeño apareció en pantalla.

 

         -Epa epa Tavito, deja que el abuelo está hablando-

         -Hermano, ¿ya eres abuelo?-

         -Si, ya tiene 3 años. Míralo, es el hijo mayor de Renato-

 

         El hombre sintió una inmensa alegría por ese niño, hijo de su ahijado, nieto de su mejor amigo y cayó en cuenta que no lo sabía.-

 

         -No sabía- dijo en voz baja

         -Te escribí pero el mensaje no llegó y bueno, luego de tu divorcio no quise escribirle a Mariela para evitar problemas. Supuse que verías el mensaje en algún momento, que no llego.-

         -Lo siento hermano-

         -Déjate de pendejadas hermano, aprovecha y míralo, es un campeón como tu ahijado-

         -Tú siempre trataste de aconsejarme que no dejara que mi trabajo me atrapara…-

         -Si, pero cada uno tenemos que decidir viejo. Igual sabes que acá estamos y somos hermanos.-

 

         Renato bajó la cabeza, respiró profundo y mirando la pantalla dijo

        

         -Gustavo, ya debo irme pero tengo que pedirte un favor, te voy a enviar algo de mi proyecto, ¿recuerdas?, necesito que no ignores ese correo-

         -Tranquilo. ¿Pero qué debo hacer con él?-

         -Tú sabrás que hacer cuando lo veas. Un abrazo grande hermano-

        

         La pantalla pasó a negro y Gustavo quedó frente al monitor.

 

         MARIANA

         -¿Hija?-

         -¿Papá?, ¿Cómo estás?-

         -Muy bien hija, ¿y tú?-

         -Bien, en casa-

                                           

         Frente a la pantalla una chica con risos amarillos parecía haberse recién levantado y mientras bostezaba, Renato miraba una fotografía donde ella estaba muy pequeña disfrazada de princesa en su cumpleaños y otra, en su adolescencia, donde su rostro ya era más agrio y lleno de maquillaje a la última moda.

 

         -Qué bueno. ¿Cómo van tus cosas?-

         -¿Qué cosas?-

        

         Renato supo que no sabía por cuáles cosas debía preguntar.

 

         -Tu trabajo-

         -Bueno papá, acá muy lento todo, sabes que no hay forma de dar clases presenciales de yoga, así que me toca usar la computadora y no siempre funciona, o la gente no es constante, así que no es ingreso seguro.-

         -Pero, ¿necesitas dinero?, ¿Te puedo ayudar?-

         -No, estoy bien.-

         -Está bien-

 

         Se hizo silencio y él notó que ella tampoco sabía qué preguntar. El abismo era grande.

        

         -¿Tú cómo estás papá?

         -Bien hija, estoy cansado pero a mi edad es normal-

         -Tienes que comer mejor, sigues tomando café y cenando chorizos los viernes, ¿verdad?-

 

         Renato se sintió atrapado, la taza estaba a su lado y en el lavabo aún estaba el sartén de la noche anterior.

        

         -Me atrapaste. Soy muy predecible-

         La chica sonrió: -Eres mi padre y te conozco… y si, eres un poco predecible-

        

Ambos sonrieron.

 

-¿Estás bien?-

-Un poco preocupado hija, estoy en medio de un proyecto importante y todo tiene que salir perfecto-

         -Siempre has dicho eso papá, siempre era un proyecto importante, impostergable, perfecto, pero ya es tiempo que pienses en ti-

         -Debí pensar primero en nosotros, perdóname por favor-

 

         Mariana bajó la mirada, respiró y suavizó su mirada

 

         -Papá, ya lo superé, ¿si?-

         -Pero yo no he podido hija. Coño, soy un desconocido para ti, y no sé si siquiera si aún me amas más allá de por el hecho de ser tu padre-

         -Cálmate, nunca me has perdido ni nunca me perderás, eres mi padre y ahora, con el tiempo te veo claramente. No como cuando me fui de casa-

 

         Renato recordó la noche de esa pelea hace 20 años. Ella peleó con él porque había dejado la carrera de medicina y en un punto de tensión salieron estas palabras

 

         -Esta es mi casa, son mis reglas, si quieres ser alguien tienes que estudiar algo, no esas pendejadas de astrología, ángeles y mariqueras. Si quieres quedarte, será bajo mis condiciones-

         -¿Sabes qué?, entonces me voy. Eres un hipócrita que nos pone condiciones cuando no estuviste nunca para cuidarnos, para estar con nosotros. Podrán ser pendejadas pero no me harán ser una perdedora como tú-

 

         Pasados los años, las canas aparecidas, las arrugas como surcos en su rostro y con manos dobladas por el tiempo, Renato entendió que la familia no es una fórmula química exacta.

 

          -Perdona hija, traté de hacer lo mejor que pude-

         -Papá, está bien, te amo, te honro y sé que eres un hombre bueno, responsable y que tu preocupación era que en el fondo no nos faltara nada, pero es más fácil decirlo que ejecutarlo. Además, con estos años he descubierto tu misma terquedad en mí misma, coño, hasta me gusta desayunar con pan dulce, eso sí, no me pidas que tome café-

         Renato y ella sonrieron: -Hija, vive tu vida a tu manera, yo lo hice a la mía y espero que un día te sientas orgullosa de mí. Debo irme, te amo-

         -Papá, ¿todo está bien?-

         Renato tosió de repente y se dispuso a responder: - Si, todo excelente, pronto tendrás buenas noticias mías.-  y cortó la comunicación.

 

         SANTINI

         -¿Cómo vamos?-

         -Estamos avanzando señor, en una hora debemos tener todos los datos recopilados.

         -¿Alguien me ha llamado o buscado?-

         -No reportaron nada en recepción, aunque desde la ventana veo un carro que no se ha movido de allí desde la mañana-

         -Santini, ¿Puede ver si tiene a alguien dentro?-

         -No doctor-

         -Espero los resultados de la prueba en una hora y con máximos protocolos de seguridad. No pueden saber nada del proyecto.-

         -¿Usted cree que se repita lo de la instalación en Madrid?-

         -Estamos ante gente peligrosa y sin escrúpulos, cualquier precaución es poca. Recuerde lo que le dije de los códigos para envío-

         -Si doctor, al tanto y en cuenta.-

         -Santini, hay una muestra mejorada, actúa en cuestión de horas y no se propaga luego de la primera activación; ese proyecto que está en mi computadora, debe ser enviado con los archivos y borrado permanentemente -

         -Doctor, no sabía de ese diseño-

         -No tienes por qué, sólo se usará una vez, esta noche. Cumplirá su objetivo en horas y desaparecerá. Confío en tu integridad muchacho-

         -Se lo prometo doctor. Usted es como un padre para mí-

         -No digas eso Santini, si me conocieras, no lo dirías. Vamos, ponte a trabajar que hoy será un gran día.-

         -Cuente con eso doctor-

          

         Renato colgó la llamada y se dio cuenta que su día había transcurrido más rápido de lo que pensaba. No tenía estómago para almorzar y comprendí que tenía que seguir con el plan.

        

         GENARO

         -Hola-

         -Hola hijo, ¿cómo estás?-

         -Hola papá, ¿cómo estás?, ¿qué quieres?-

         -Bueno hijo, nada, hablar contigo-

         -Mira, ya Mariana y tío Gustavo me llamaron para decirme que estabas como raro, así que cuenta, ¿qué pasó?-

        

         Alguna vez, Genaro y Renato fueron más que padre e hijo, fueron cómplices. Para el joven su padre era un ejemplo de virtud, de trabajo y lo quería porque valoraba cómo jugaba con él cuando estaba en casa aunque, con el tiempo, esos ratos fueron cada vez menos hasta perderse en el tiempo. Pero si algo quedaba era la confianza del padre en que su hijo era un hombre íntegro.

        

         -Genaro, estoy en medio de…-

         -De un proyecto muy importante y perfecto, ¿verdad?-

         -Si, pero déjame hablar.-

         -Papá, realmente no quiero saberlo-

         -Aún no me perdonas, ¿verdad?-

         -Papá, no me molesta que te hayas ligado a tu secretaria, eso pasa, pero coño, nos fuiste alejando durante todos estos años, metido en tu trabajo, andando con tus mujeres, viviendo tu vida aparte y ahora esperas que con una llamada todo se arregle mágicamente-

         -No, no espero eso-

         -¿Entonces?-

         -Coño Genaro, calla y déjame hablar- Renato estaba al borde de la desesperación

         -Habla entonces-

         -Te voy a enviar un correo a tu tío Gustavo, a ti y otras personas más, pero cada uno no verá los otros destinatarios por seguridad. Tienen que manejarse con cuidado- Renato tosió varias veces hasta quedarse sin aire.

         -¿Papá, estás bien?-

         -Si, no te preocupes, ¿estamos claros con lo del correo?-

         -Si-

         -Bien-

         -Genaro, te amo hijo-

         -Si, está bien papá- y cortó la comunicación.

 

         ALBERTO

         -Apenas reciba los datos te los envío Alberto-

         -Ok, doctor, yo estoy atento esperando-

         -Tienes que tener cuidado muchacho-

         -SI, no se preocupe, todo está coordinado, ¿cómo se siente?-

         -No muy bien pero tengo que seguir adelante, todo se viene encima y no sé cuánto tiempo me quede.-

         -Quedo atento a su correo doctor-

 

         MARIELA

         La última llamada era la más difícil para Renato. En su casa inmensa, de suelo de mármol, de finos cuadros, de jardines, de soledad, ya estaba cayendo el sol.

         Necesitaba una pausa antes de llamar a su ex esposa, la mujer que había sido el amor de su vida, a la que había traicionado y la que lo conocía más que nadie.

         Decidió ducharse, revisar el corte de su barba, cambiar su traje por uno de gala y usar su colonia favorita en una especie de ceremonia para este reencuentro virtual.

         La videollamada tardó mucho en caer y pensó que  no contestaría.

 

         -Hola-

         -Mariela, ¿cómo estás?-

         -Renato, ¿bien y tú?. Los muchachos están preocupados por ti-

         -Los entiendo, pero todo está bien. Es que no quiero dejar pasar ninguna oportunidad de decirles que los amo-

         -Eso está bien. Ellos te aman.-

         -¿Y tú?-

         -¿Qué clase de pregunta es esa Renato?, no me digas que para eso me llamas. Entre tú y yo todo quedó claro cuando nos separamos.-

         -No todo Mariela. Yo te lastimé, lo reconozco, te traicioné; falté a nuestro juramento, pero NUNCA fue por falta de amor, nunca.-

         -¿Y las ausencias?, en los últimos años ya casi ni parabas en casa. O llegabas, dormías, te levantabas y te ibas-

         -Es verdad, pero trabajar en el laboratorio me tenía absorbido. Es una firma internacional, no podía…mentira- Suspiró- si podía pero me daba miedo quedarnos sin la casa, los beneficios para los chicos, la comodidad pero los perdí igual-

         -No, son tus hijos, nunca los vas a perder-

         -¿Y a ti?-

         -Siempre estaremos en la vida del otro, de eso no hay duda. Yo no te guardo rencor ya. Estás sufriendo por ti mismo y sabes lo malo o bueno que hiciste, eso me basta. Pero recuerda que si me necesitas, también puedo escucharte…pero como amiga, ¿eh?, igual sé que te gustan más jóvenes.-

         -Gracias Mariela, tengo la amiga más bella de esta ciudad- Volvió a toser.

         -¿Estás bien?, ¿estás enfermo?-

-Si, estoy bien, es un resfrío-

-¿Seguro?, te tomaste la tensión?, estás muy colorado-

-Si, debe ser el café que me tomé hace poco-

-No me lo creo, pero bueno-

         -Gracias Marielita, por estar siempre. Eres una en un millón, cuídate mucho-

         -Tú también- Y cortó la comunicación.

 

         El teléfono de Renato sonó con un mensaje “Datos enviados” y fue hasta su correo: -Excelente- alcanzó a decir con alegría.

         La manija de la puerta de la casa se abrió lentamente y una figura se deslizó sin hacer ruido avanzando por el suelo alfombrado de la casa, explorando con la mirada cada rincón hasta que escuchó la voz de Renato en el estudio.

         Caminó y vio a Renato de pie frente a la computadora tecleando. Caminó hasta ponerse a su lado levantando la pistola

 

Renato sintió frío en su espalda, ese escalofrío del destino inevitable, del ajuste de cuentas necesario pero que muy en el fondo tenía un sabor como a vino, a satisfacción a jaque mate mientras miraba el cañón del arma y el rostro de su agresor cubierto con un tapabocas.

-Sabía que vendrías pero no te diré nada-

En ese momento tuvo un nuevo acceso de tos, esta vez tan fuerte que lo hizo doblarse sobre su abdomen. En un breve instante reunió las fuerzas que le quedaban, alzó sus manos hacia el hombre de negro, quitó la mascarilla  y salpicó la cara del intruso que lo empujo y le disparó en la cabeza.

El hombre de negro apartó el cadáver para mirar el monitor de la computadora donde se leía este mensaje y fue cuando supo que él también estaba muerto: “VACUNA VIRUS- LÍDER INVESTIGADOR: VIRÓLOGO RENATO LAUTREC ENVIADO. DESTINATARIOS Y ARCHIVOS ENCRIPTADOS”. 

         

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