CONFINAMIENTO: Día 62

Créditos al autor de la foto.

    La hipotermia avanzaba y todos sabían que no había tiempo

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Tres semanas sin agua, los tanques de su casa se habían vaciado y  apenas quedaban 10 litros para 3 personas. Adrián sabía que tenía que resolver.

         El gobierno no había explicado las causas de las fallas y él  sabía que no podía depender de los demás, necesitaba encontrar agua para su mamá, su esposa y él mismo. Este dilema del siglo XIX era el problema que Adrián y su familia enfrentaron en 2020, el año de la pandemia.

 

         -Amor, voy a salir, alguien debe tener idea de cómo encontrar agua.-

 

         María lo miró, comprendió la desesperación de su esposo y le dijo: -Cariño, no te expongas, tienes que cuidarte, hay muchos contagios y la gente no respeta las normas-

         -Sí, lo sé, pero no podemos quedarnos sin agua. Ya todo empieza a oler mal y casi no tenemos nada que tomar-

         -¿Y si vamos a la montaña otra vez a buscar agua en los manantiales?-

         -Los manantiales deben estar secos María, no ha llovido en meses. Voy a ver si han logrado traer los botellones a la tienda pero sin gasolina es difícil. Voy y vengo.-

 

         Adrián regresó sin buenas noticias. La escasez de gasolina había hecho que las entregas de comida y agua se retrasaran y ya sentía la desesperación.

         Se sentó en la sala de la casa, apoyando la cabeza entre sus manos cavilando sobre la situación. Recordó cuando falló la luz, se quedó sin agua y tuvo la idea de ir hasta la montaña que bordeaba la ciudad  donde los manantiales serían una fuente segura de agua. Aquella vez, luego de una hora de caminata hasta la falda del cerro y otros 40 minutos de subida, logró encontrar con su esposa los puntos para surtir algo medianamente limpio y lejos de tantas personas.

Mientras llenaba sus recipientes, Adrián escuchaba historias de los caminantes de la montaña y supo que ese viaje fue tiempo perdido.

 

-Menos mal que esta agua está limpiecita- dijo un señor de larga barba blanca- porque más arriba hay gente bañándose y a veces baja toda sucia y llena de porquerías- Con esas palabras, el joven entendió que había perdido el tiempo, no podría beber de ella pero podría usarla para los baños de su casa.

        

Adrián se levantó, fue al patio de su casa y comenzó a armar un bolso con botellas de 5 litros

 

-¿Dónde vas?- Preguntó María a su espalda.

         -Amor, no podemos esperar que el gobierno nos resuelva, deberían, pero no lo hacen. No podemos ser los únicos así, voy a salir a ver si encuentro una pista donde buscar agua-

         -Voy contigo- Esa voluntad había hecho que Adrían se fijara en ella, en su metro 60 de estatura y en su cabello castaño. Sabía que era su compañera de vida.

-María, no será fácil. Tu espalda…-

-Mi espalda es como la tuya, vamos juntos.-

 

         Sonrieron y salieron con dos bolsos cada uno y dos recipientes más, en total, capacidad de 25 litros para llevar a casa.

         Ya conocían algunas calles del norte de su barrio pero decidieron ir al sur, cuando apenas tenían unos pasos andados se encontraron a Elio, el primo de Adrián.

 

         -Épale primo, ¿cómo va la vaina?

         -Coño primo, jodío pero acá estamos. Vamos a buscar agua-

         -Verga, estamos muy mal con eso, en la casa tenemos ya mes y medio que nada de agua.-

         -¿Cómo hacen?-

         -Mira chico, fue Cachito quien me pasó el dato. Por cierto, mira, ahí viene…-

 

         Con sus 12 años, Cachito era todo menos un niño. Su historia era conocida por todo el barrio, su mamá lo dejó con su papá quien lo mandaba a buscar el agua, a trabajar, a buscar el gas de madrugada y a estudiar. Su apodo venía porque antes de la cuarentena siempre lo veían en la calle con un cachito para su desayuno, y aunque nadie se explicaba de dónde sacaba el dinero para poder comprarlo, todos lo ayudaban en sus tareas porque él siempre era servicial con los vecinos.

         A su corta edad tenía mucha fuerza y muchos decían que era pequeño por alzar peso desde muy niño. Lo cierto es que Cachito era pícaro pero con buen espíritu y conocía los pasos necesarios para sobrevivir y llegar al agua.

        

-¿Listo Cachito?-

         -Todo listo Elio, ya los botellones están con Juancho allá  arriba.-

         -¿Dónde van?- preguntó Adrián.

         -Vamos a los túneles en la montaña, allá hay una buena corriente y se llena rápido.-

         -¿Estás loco Elio?, allá la gente se baña, nada en los pozos y esa agua es una cochinada-

         -Exacto primo, por eso es que vamos a ir dentro del túnel a buscarla-

         -¿CÓMO ES LA VAINA?-

         -Si chamo, mira el túnel tiene sólo un kilómetro, en el fondo hay un pozo, bueno, varios en realidad y listo, agua más pura directa de la montaña.-

        

         Adrián tomó del brazo a Elio y lo apartó del grupo

 

         -Primo, no vayan para allá, tu sabes que ya un tipo se murió-

         -Tranquilo viejo, todo está controlado y Cachito se sabe el camino de memoria. Ese chamo es un duro.-

        

         Adrián bajó la cabeza, comprendió que no cambiarían de opinión y simplemente atinó a decir: -Cuídense-

        

         El joven sabía que esos túneles eran una trampa mortal. Abandonados por más de 5 niños, eran testigos silentes de una obra inconclusa que empezó a ser una suerte de filtro gigante que por sus paredes, dejaba fluir agua desde los ríos subterráneos de la montaña. Una vez más, el cerro era la solución a la falla en los servicios públicos. 

 

Adrián y Maria caminaron 4 calles al sur y empezaron a ver gente con varios envases de agua.

 

         -Mi pana, ¿dónde llenaste?- preguntaron a un desconocido

         -Más adelante mano, la gente está dejando que uno llene agua.

         -Gracias.-

 

         Dos calles más adelante la pareja encontró que las casas de toda una manzana habían sacado mangueras desde sus patios para que las personas pudieran recargar agua gratis con ayuda de vecinos y desconocidos que apoyaban a los ancianos y a niños que se veían rebasados por el peso de los envases.

         Adrían hizo un primer llenado y repitió esta operación 7 veces más con María hasta sobrepasar los cien litros que sirvieron para solucionar sus necesidades.

         Cuando regresaban de su último recorrido, la pareja encontró a varias personas frente a la casa.

        

-¿Qué pasó Juancho?- Preguntó a Adrián a su vecino.

         -Tu primo, hubo un accidente.

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         Cuando Elio y Cachito llegaron a los túneles mucha gente ya estaba tomando agua de tuberías improvisadas mientras otros lavaban su ropa en pozos que el agua salida del túnel iba generando en el pavimento roto. Agujeros inmensos servían de piscinas para quienes romantizaban su desdicha con un chapuzón en agua cuyos colores pasaban de verde, a marrón o negra dependiendo de la agitación del sedimento químico en su fondo.

         Cuando llegaron a la entrada del túnel ya Juancho los estaba esperando.

 

         -Se tardaron bastante-

         -Tranquilo hermano, es que me encontré a Adrián-

         -¿Y eso que no vino?-

         -No le gustó la idea. Le tiene miedo al túnel.

         -Bueno, vamos a darle que no quiero estar en esto todo el día. ¿Seguro que conoces la ruta Cachito?-

         - Si Juancho, relajado que ya he hecho esto varias veces-

 

         A medida que se adentraban en el túnel y la luz se reducía, el olor a humedad aumentaba junto con el frío y la opresión del encierro en medio de la oscuridad. Lentamente el agua subía de nivel en sus piernas.

 

         -Verga, está helada- Dijo Elio tiritando.

         -Este frío mata así que cuídate de no caerte en alguno de los pozos. Mira por donde pisas-

         -No joda Cachito, como voy a mirar si de vaina te veo con la luz de la linterna-

         -Deja de quejarte y sígueme que falta poco-

         -Anda con cuidado, dicen que hay una especie de laguna subterránea por acá, que si te caes te pierdes- Agregó Juancho que estaba de último en la fila.

         -Coño Juancho deja de hablar pendejadas- Dijo Elio iluminando a su amigo con la linterna.

         -¿Tú eres loco?, ponle la luz al chamo.-

 

         Cuando Elio giró Cachito ya no estaba. Una sensación fría recorrió su espalda y junto a Juancho empezaron a llamarlo en la oscuridad sin escuchar nada más que el agua goteando.

 

         -Juancho, ve al barrio, busca a Adrian y trae a toda la gente que puedan con linternas. Él sabrá qué hacer, tiene cursos y es paramédico. Yo me quedo acá -

 

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         A las afueras del túnel habían llegado 12 personas del barrio junto a Adrián y María para buscar a Cachito, el tiempo corría y sabían que la hipotermia seguía avanzando.

 

         -¿Qué pasó con el papá de Cachito?- preguntó uno de los vecinos.

         -Le toqué la puerta y nadie contestó, cuando me asomé por la ventana estaba dormido con una borrachera. No creo que venga-

         -Que vaina. Ese carajo es una mierda-

         -Nada, vamos a entrar de una vez- Dispuso María.

 

         Mientras avanzaban por el túnel Adrián meditaba: -Le dije que no viniera. Coño, Elio y sus vainas-

 

         No tardaron en encontrar al joven que ya no era ni la sombra del tipo confiado que solía ser, estaba nervioso, helado y derrumbado mientras llamaba a Cachito y giraba su linterna de un lado a otro.

        

         -Elio, ¿estás bien?- Adrían vio a su primo que estaba llorando

         -Marico, es mi culpa, le quité la luz por accidente y luego no estaba- Le dijo apoyando sus manos en los hombros de su primo.

         -Tranquilo. Vamos a echarle bolas, ¿dónde se cayó?-

         -Por acá, dijo Elio señalando unos metros por delante.-

 

         Adrián se acercó y notó algo.

 

         -Epa, vengan, traigan todas las linternas, iluminen el piso mientras caminan.-

        

         Cuando todos llegaron vieron que bajo el agua había una entrada.

 

         -Seguro el niño se fue por allí. Es un pozo-

         -Sólo hay una forma de saberlo- Dijo Adrián.

         -No se te ocurra- Dijo María

         -No hay de otra, tengo que entrar-

         -Si, tienes razón, pero ponte esto- Le amarró una cuerda en la cintura y se puso el otro extremo en la suya.- Tienes 30 metros para moverte.

         -Ok.- Adrián miró al grupo y dijo:- Hernán, Pedro y Pacheco, vayan y nos esperan afuera con mantas y ropa nueva. El resto se queda con María y Elio para que ayuden-

 

         Adrían se lanzó al agua helada y se colocó unos lentes de natación que había tomado a última hora en su casa.

 

         -Mierda, está fría. Hay una corriente. No sé cómo, pero hay corriente. Cuando lo encuentre voy a tirar la cuerda tres veces y ustedes me halan-

 

         Adrián se sumergió con su linterna y sintió que la corriente lo llevaba lentamente a otro lugar. En medio del torrente buscaba con la linterna alguna señal del niño hasta que vio su pierna; con fuerza se aferró a las paredes y logró salir y encontró a Cachito desmayado abrazado a una piedra en medio de una gruta muy pequeña.

 

         -Cachito, Cachito, ¿Estás bien?, despierta- Dijo dándole palmadas en la cara

         -Me siento mal - Apenas alcanzó a decir el niño

         -Tranquilo carajito, te vamos a sacar de esta.

 

         El joven escudriño la caverna, un espacio muy pequeño en las entrañas de la montaña inadvertido para todos y convertido en un espacio salvavidas. Adrián gritó tratando de obtener una respuesta pero sólo el silencio contestó y supo que tendría que volver al plan original, sumergir al niño y salir.

         Al otro extremo de la cuerda María estaba preocupada pero confiaba en su esposo.

        

         -Ya han pasado más de diez minutos- Dijo Juancho- ¿Y si no lo encontró?-

         -Cállate Juancho- Replicó María- La cuerda tiene rato que no se mueve, eso es que está quieto en un sitio y bien. Adrían sabe lo que hace…- En ese momento sintió un tirón en la cuerda, luego dos más: -Coño, acá está, vengan-

 

         Adrián tenía al niño cargado y Cachito se había aferrado a él con las pocas fuerzas que quedaban.  

 

-Falta poco chamito, tenemos que volver al agua unos minutos para poder salir- Y saltó al agua - Respira hondo Cachito-

 

María y el grupo halaron la cuerda varias veces y no pasaron 5 minutos cuando las cabezas de Adrián y Cachito emergieron del pozo mientras los vecinos los ayudaban a salir.

 

-Quítenme la cuerda- Dijo Adrián tiritando de frío, se levantó y empezó a avanzar hacia la salida del túnel.

 

         En la entrada esperaban varios vecinos, la gente que lavaba, los bañistas y quienes recolectaban agua rodearon a Adrián que prestaba atención al niño.

 

         -Está helado. ¿Llamaron al 911?-

         -Si, hace media hora dijeron que enviarían a alguien pero no han llegado-

         -Vamos a quitarle la ropa mojada- Dijo Adrián y María desvistió al niño para envolverlo en una manta caliente mientras frotaba su pecho-

        

         Cuando temían lo peor se escuchó la sirena de la había llegado tarde pero por fin estaban atendiendo a Cachito que poco a poco fue retomando su color mientras abría los ojos y miraba a todos.

 

         -Creo que me tomaré unas vacaciones- Dijo el pequeño con una voz susurrada

         -Seguro que si Cachito, descansa que todos te vamos a cuidaro- Respondió María.

        

         Apartado del grupo, Adrián se había sentado en una piedra y vio llegar al papá del niño que con lágrimas lo abrazó, lo cargó y se montó con él en la ambulancia mientras los vecinos lo despedían.

 

El joven veía a María acercarse y sonrió pero sintió que algo lo miraba y giró su cabeza hacia las entrañas abiertas de la montaña donde los túneles aún se alzan como esfinges dispuestas a devorar a quien intente pasar sus límites.

 

         Si bien este relato es una ficción, la crisis y los túneles son reales.  

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