CONFINAMIENTO: DÍA 2
Daniel y Marcel estaban animados por la fiesta de ese día. La Vevéh los invitó con la promesa de una rumba como nunca; ya se había decretado la cuarentena y, en sus propias palabras "había que celebrar porque el mundo va acabar”.
Daniel
manejaba rumbo al apartamento de La Vevéh, un penthouse que le dejaron sus
padres al irse a Europa y que era escenario de fiestas exclusivas donde un
círculo de jóvenes podían dar rienda suelta a sus placeres
si lograban entrar en esta suerte de club cuya membresía se ganaba por
apellido, por dinero o por conveniencia política.
-Marico,
Vevéh está loca pero está buena.- Dijo Daniel.
-Chamo,
ella sabe lo que hace, la mueve bien con sus panas y verás que en esa rumba se
bota. Espero que Vanessa esté por allá.-
-¿Tú
todavía estás malpegao con Vanessa?, no joda Marcel, menos mal que sólo te la
cogiste dos veces porque a la tercera te casas.-
-No
seas marico, yo sé que ella quedó pendiente pero sus papás la mandaron de viaje
y bueno… hay cosas que resolver.- Era una forma elegante de autoengaño que
Marcel tenía para no aceptar que las dos noches que pasó con Vanessa
trascendieron al sexo, sino que conversaron y se conocieron a un punto que no
le interesaba admitir y quería saber si ella pensaba igual: -¿ Y tú sigues pendiente con Laura?-
-Coño,
tu preguntas unas vainas, ¡De bolas que sí marico!. Su papá y el mío son amigos
de toda la vida y ese viejo tiene plata que jode. La chama es linda, la mamá
está buena y no le caigo mal. Todo es ganancia mano y no voy a pelar eso.-
-A
menos que se trate de La Vevéh.-
-Jajajaja
bueno, pero es que La Vevéh es otro peo mano, catirita, durita, con plata y con
esa cara de perversa que no se queda sólo en la cara….-
-Tu
si eres lechúo, esa vez en la playa fue un bombazo jajaja.-
-Coño
papá es que no me iba a ahuevonear, la chama iba pendiente, con tragos, coca y
rumba no me podía quedar atrás jajaja.-
-Pero estás
claro que eso quedó allí, ¿No?- Dijo Marcel.
-De bolas
que sí, esa jeva es para unas veces y ya. Yo no soy malpegao chamo. Si quiere,
yo quiero y si no quiere hay más para ver.
Los jóvenes
eran socios en una importadora y una
tienda que fundaron aprovechando las influencias políticas de sus padres
quienes ayudaron a “agilizar” permisos.
-Coño Marcel, ¿tu terminaste de sacar la orden de
embarque para las mascarillas y los guantes?-
-Eso está
listo, ya la carga viene en camino y la semana que viene debe estar lista para
vender. Mascarillas, guantes, gel y unos termómetros chinos de esos chimbos
pero eso a la gente no le importa. Andan cagaos con lo del virus y listo.
Negocio redondo mano.-
-¿Tú crees
que eso sea verdad?-
-Mira pana,
esa vaina es paja, invento de los medios y de las empresas para vender y
nosotros somos una empresa, así que venderemos y listo. En el peor de los casos, nuestro viejos tienen
plata para pagarnos la clínica y listo, par de semanas de reposo, sopita,
antibióticos y listo, a la calle.
Daniel
y Marcel llegaron al edificio donde estaba preparado una suerte de Valet
Parking para los invitados que podían escuchar la música desde la calle
mientras que un hombre revisaba la lista de invitados.
-Buenas
noches caballeros-
-Buenas
noches, Daniel H. y Marcel M. –
Listo,
no tienen que decirme sus apellidos completos, la señora de la casa los está
esperando, por favor dejen sus llaves, y suban en el ascensor a mano derecha;
el personal de seguridad los guiará.
Daniel
y Marcel fueron escoltados por un guardia que los llevó hasta el ascensor y les
indicó cómo llegar hasta el penthouse; no se molestaron en decirle que ya
sabían el camino para disfrutar las nuevas comodidades que la Vevéh ofrecía a
sus invitados.
La
puerta se abrió y allí estaba ella; no tenía 25 años pero lucía fuerte,
dominante, pícara con sus senos voluptuosos, su ojos azules y su cabello claro
hasta los hombros apenas tapando el escote que guardaba la promesa de los
placeres.
-Dani,
Marcel, ¿cómo están?, Los estaba esperando, pasen por acá, tenemos todo, hoy va
a ser inolvidable, tenemos comida por allá, bebida por acá, pastillas, coca, lo
que gusten.-
-Con verte
ya estoy bien Vevéh.- Dijo Daniel buscando una mirada cómplice en los ojos
azules de la chica.-
-Qué
lindo Dani- dijo la chica tocando la solapa del saco pero luego se alejó un
poco para decir con una sonrisa: pasen y diviértanse.-
-Hoy
no es tu día mano- Le dijo Marcel a Daniel.-
-Cállate
marico que apenas comienza la noche.-
Daniel
y Marcel disfrutaron la mayoría de la noche con un trago en la mano, una chica
en sus brazos y un cigarro pero a las 3 de la mañana algo cambió.
-Epa Marcel, mira para allá.-
Con
su cabello negro, ojos grises y esbelta figura estaba Vanessa en la entrada.
Marcel sintió como su corazón se aceleraba y la ansiedad crecía. No había
cambiado nada en el tiempo que tenían separados; estando a metros de distancia
sintió el aroma de crema de durazno en su piel, vio su figura delgada y en
apenas segundos, la desvistió con la mirada.
-Está
servida mi pana.-
-Coño
marico, cállate, no voy a ir a hablarle, que ella venga y salude.-
-Muchacho
pajúo.- Daniel se rió y fue a buscar a la Vevéh que desde lejos le hizo señas
hacia un cuarto.
Vanessa
notó la mirada de Marcel y ambos miraron la mesa de licores como punto para volver
a encontrarse. La joven caminó lentamente, saludó con un beso en la mejilla a
sus conocidos, tomó del vaso de una amiga y en todo ese recorrido, la mirada de
su pretendiente la seguía en un papel que él mismo no sabía identificar si era
de presa o de cazador.
-Hola-
dijo Marcel
-¿Cómo estás Marcel?- respondió Vanessa con una sonrisa.
-Muy bien vale, yo estoy fino ¿tú cómo estás?-
-Me alegro. Yo estoy bien, ladillada con esto del virus.-
-Eso es
paja, pura paja Vane. Tu relajada, esa vaina es como una gripe pero con perico-
Ambos sonrieron y continuaron hablando hasta que en un punto, Marcel logró hacer
la pregunta que lo atormentaba desde antes de llegar a la fiesta: -Vane, ¿Cuándo volviste? ¿A dónde te fuiste?-
-Volví hace
poco, mis padres me quieren acá mientras pasa este peo. Estaba en Europa y todo se está complicando, gente paranoica, comprando comida, alcohol, uy no…-
Marcel la
interrumpió impaciente: -Vane, te lo digo, eso es paja, no pasa nada, mira,
hasta ahora no tenemos contagios y mi papá dice que todo es pura bulla para
mantener a la gente con miedo por la economía y mariqueras políticas.- Le dijo mientras
acercaba un trago a las manos de la joven: -Vane, quiero que hablemos en serio,
tú me gustas, te hablo claro, yo no sé que es esto, desde aquella noche en la
fiesta de la playa yo…-
En ese
momento se originó una pelea; en medio
de gritos de miedo y algarabía Marcel fue apartando a Vanessa mientras Daniel
salía del cuarto con la Vevéh que estaba irreconocible en medio de su molestia
-¿Qué vaina es esta?, sáquenlos de acá, no quiero verlos.-
-Si señora.- respondieron los empleados de seguridad
Marcel aprovechó para inclinarse al oído de Vanesa.
-Vane, vámonos ¿tienes tu
carro?-
-Sí, vamos.-
Al
entrar al ascensor se besaron y ambos sintieron que el tiempo no había pasado,
que esos meses separados no contaron y que la fiesta quedaba en otra galaxia
distante y efímera.
-Vane,
¿Por qué te fuiste?.-
Acá la
vaina no está bien Marcel y mis padres no me quieren cerca de gente como la
Vevéh, dicen que está metida en cosas chimbas y que pronto le puede pasar algo
malo, así que me mandaron a Europa pero allá reventó el virus y me mandaron a
traer. Yo quise avisarte pero no pude y
luego todo se complicó.- Fue más fácil decir eso que admitir que no estaba
segura de los sentimientos de Marcel hacia ella
-Yo
quiero estar contigo Vane, contigo en serio. Nunca conocí a alguien como tú, me
mueves todo y quiero hacer las cosas bien.-
Vanessa
tomó la mano de Marcel, luego su cara, lo besó dulcemente y de repente, tosió.
-¿Estás
bien?-
-Si,
esa tos me quedó luego del vuelo, tenían el aire acondicionado muy frío-
El vuelo en
que Vanessa llegó desde Europa había recibido pasajeros de Italia y ella habría
hecho bien en recordar que un niño que venía desde Milán tosió varias veces
sobre una butaca en la que ella se apoyó con su mano derecha, la cual utilizó luego para ajustar sus lentes y tapar
el bostezo de su boca
Algo había
venido con ella…



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