CONFINAMIENTO: DÍA 83
-Irene,
eres una mierda-
-¿Qué te
pasa Olga?, no seas dramática.-
-Dramática
no chica. Tienes explotado a ese muchacho cubriendo esas pautas.-
-No
exageres. Si quiere ser periodista tiene que empezar ver la candela de cerca.-
-Exacto, si
quiere. Apenas es un novato y como le
tienes rabia lo explotas-
-Si no
aguanta la presión tal vez no sirva para esto.-
Con estas
palabras, Irene Schwars, jefa de información en uno de los noticiarios más
importantes del país, se dio media vuelta y siguió su camino. Su norma era ser
la primera en dar la noticia, vivía por eso que llaman “el tubazo” y pensaba
que la masificación de información era una galleta para los que ella llamaba
“pobres ilusos infociudadanos que pretendían ser periodistas”. A sus 50 años la
dureza de su carácter se traducía en un rostro frígido oculto tras maquillaje
glamoroso, pero que no le permitía
disimular una personalidad ajena al entorno, aguda, tenaz pero despiadada al
momento de hacer sentir su poder.
Por
su parte, Olga Nebreda, una dama de baja estatura que siempre lucía casual,
dinámica y alegre, era la jefa de producción del canal y aunque
información no era su área de trabajo, no toleraba la forma en que Irene
trataba a su equipo que, muchas veces, encontraba refugio en su oficina luego
de una humillación, un grito y el menosprecio de la cabeza del departamento.
La
cuarentena había cambiado el panorama de la planta de televisión donde Olga e
Irene trabajaban. Las oficinas llenas una vez, ahora operaban con personal
mínimo de redacción, editores, productores y camarógrafos; el mundo de las
noticias había cambiado excepto para Irene que ahora exigía más de sus
periodistas.
El
mensaje que envió la misma noche del decreto de confinamiento fue:
-No importa
lo que hagan los demás canales, tenemos que “tubear” a todos. Mañana redoblamos
guardias desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche-
Si
bien todos contestaron con un seco "OK", en privado los chats resonaron con
insultos, lamentos y lamentos. Temían
más a un despido en medio de cuarentena que a un eventual riesgo de contagio.
Sólo una persona se atrevió a extender su respuesta y fue Alberto, el redactor
más joven del equipo, recién graduado y recién contratado.
-Licenciada
Schwars, disculpe, mañana no podría llegar a las 9, es que debo ir a comprar
comida para mi familia para poder aguantar esta primera semana de encierro. Es
cosa de dos horas y llego al canal activo para lo que salga.-
-Hay que
ver que la gente es abusadora. Deberías pensar mejor las cosas Alberto, no me
gusta la gente floja y menos que no esté comprometida con la noticia. Tal vez
me equivoqué al darte esta oportunidad. Tú me dirás-
El
joven captó la indirecta y simplemente contestó “Ok”, necesitaba el trabajo.
Desde
ese día siguieron jornadas de extenso trabajo agotador, con gritos y
humillaciones.
“¿No
sabes escribir una noticia? Ahora a cualquier bobo le dan un título en la
universidad; mediocre, inepto, nefasta, gentuza…” eran parte de las
expresiones con las que Irene disfrutaba atormentar a sus redactores que tenían
que trabajar sobre tiempo mientras ella llegaba al canal a las 8 de la mañana y
se iba a las 6 de la tarde. El grupo era feliz ese tiempo que ella no estaba.
Su
rabia con Alberto, un jovencito desgarbado, educado y de piel pálida, comenzó
cuando un día una de sus periodistas, María Luisa, tuvo un error en la edición
de un video para la emisión estelar.
-Eres
bruta chica, no anotaste bien los tiempos y lo que salió fue una mierda. Una
real mierda.-
-Jefa,
disculpa, me duele la cabeza…-
-¿Y
eso qué?, acá se viene a trabajar. Si no aguantas la presión te me puedes ir
derechito por donde viniste.-
-Tampoco
así, fue sólo un error, no se repetirá.-
-Si
te boto muchachita, estoy segura que no se repetirá. Acá no quiero gente
inepta-
La joven,
una morena de estatura media y porte seguro, sintió que sus ojos se aguaron en una mezcla
de ira y miedo; estaba a punto de estallar pero decidió salir de la oficina cuando
se topó con Alberto en el pasillo.
-Epa María,
¿Qué pasó?-
-Coño
Alberto, esa bruja, no joda pana. Me volvió a gritar y amenazó con botarme. Yo
estoy clara que la cagué pero,coño, me arrecha que me humille.-
-Tranquila
María. Trata de respirar. Tómate un sorbo de mi refresco y cálmate. Todos nos
equivocamos y bueno, no está bien lo que hizo, eso no se hace.-
-¿Qué es lo
que no está bien Alberto?- interrumpió Irene.
-Ah, jefa,
yo que me equivoqué en una redacción pero ya me monto a corregir para dejar
todo listo.- Dijo el chico sonriendo
-Uhm, mucho
cuidado. Por cierto, mañana sales a la calle- y siguió su camino.
-¿En serio
jefa?, gracias.-
Irene no
respondió mientras se alejaba.
-Esa perra
tendrá su merecido, no se puede ser tan hija de puta en la vida y salir gratis-
dijo María Luisa que estaba más recuperada pero aún con ojos llorosos
-María Luisa, no te conocía ese verbo- Dijo
Alberto a tono de broma y agregó: -las personas que son así, se sienten tan infelices que no
pueden vivir sin hacer sentir miserables a los demás.-
-Ten
cuidado mañana, no creo que esas salidas a la calle sean un regalo.-
-Vamos a
ver-
Desde
ese día Alberto fue asignado a cubrir todos sobre el virus que había provocado
la cuarentena. Llegaba más temprano que todos y se iba de último porque Irene le
asignó un micro de 5 minutos para la emisión matutina que debería quedar
hecho desde la noche anterior.
Había
reportado desde hospitales, desde calles, hoteles y distintos sitios donde
mucha gente se le acercaba con mascarillas mal puestas, con llanto, ira, dolor
y angustia. Alberto estaba conociendo el lado duro de la calle, el de la
desesperación de quien no entiende un enemigo invisible.
En un
momento le preguntó a Irene la razón de su asignación a la calle y ella
contestó:
-No tenía
más. No eras mi primera opción pero tampoco me quedaban redactores. Tú no eres
tan bueno en la sala de redacción y decidí probarte en calle-
-Ok…- La
respuesta lo descolocó, se sentía menospreciado pero insistió en el punto que
realmente quería plantear.
-Jefa, yo
sé que usted tiene más experiencia, y es que ya no me siento cómodo con esto,
la gente en la calle no respeta la distancia, usan mal la mascarilla y me puedo
enfermar yo también-
-¿No tienes
tu tapaboca?-
-Si-
-¿Y
entonces?, ¿no me vendrás ahora con que tienes miedo y quieres dejar la calle?-
-No, yo…-
-Mira
chico, yo estaba pensando justamente que no lo estabas haciendo tan mal como
esperaba, capaz podría darte el puesto fijo de reportero. Pero si tanto miedo
tienes-
La oferta
resonó en las aspiraciones del joven: -No jefa, no me saque de la calle que yo
me cuido y le mostraré que puedo ganarme ese lugar.-
-Demuéstralo
muchachito- Dijo Irene con tono despectivo: -¿Se te ofrece algo más?, ¿No
tienes algo que hacer?-
-Si, ya voy
a salir.-
Luego
de dos meses y medio en este ritmo de trabajo, las huellas de la rutina habían
hecho mella en Alberto. Había perdido peso, tenía ojeras y lucía distraído en
sus ratos libres aunque su trabajo no había perdido nada de calidad; quería el
ascenso y el sueldo que eso implicaba.
-Olga,
te digo, Irene está matando a Alberto-
-Bueno
María Luisa, él aceptó el cargo, lo hace muy bien y no se ha quejado-
-Ni
lo hará.-
-¿Por
qué lo dices?-
-Es
orgulloso y quiere probar que puede aguantar la presión que le pone Irene. En
el fondo ella quiere que se vaya, le tiene arrechera-
-¿No
le importa el peligro de contagiarse?-
-Si,
pero me dice que necesita el trabajo. Parece que tiene que atender a su mamá,
no me ha contado mucho.-
-Bueno
María Luisa, debería poner todo en una balanza pienso yo.-
-Voy
a hablar con él, a ver si me escucha. Debe estar terminando el resumen-
María
Luisa encontró a Alberto casi dormido frente a la computadora.
-Chamo,
¿por qué no descansas?-
-Epa
Mari. No vale, todo va a estar bien, el fin de semana lo hago. No, mentira, no
puedo.-
-¿Por
qué?-
-Irene
quiere que cubra una pauta con los militares el domingo, van a desinfectar un
barrio y quiere que estemos allí-
-No
joda vale. No tienes por qué aguantar esto Alberto-
-No
me queda opción, mi mamá cuenta conmigo y necesito el trabajo.-
-Que
cagada. Pero cuídate carajito-
-Seguro
vale, siempre con mi mascarilla- y la levantó pero en ese momento la luz de la
oficina mostró algo que heló la sangre de María Luisa y Alberto, un pequeño
agujero, imperceptible si no fuera por la luz intensa que entró en ese ángulo
justo en el que el joven lo levantó.-
-Mierda-
Se miraron
-Seguro
no es nada, ya lo voy a botar-
-Mejor
deséchalo afuera Alberto, me tengo que ir- María Luisa se levanto y antes de
salir repitió: -Cuídate-.
El
domingo Alberto llegó al lugar de la pauta con su equipo de cámara y mientras
estaban haciendo tomas del proceso de desinfección tosió. Quienes estaban a su
alrededor lo miraron y dejaron pasar el momento. Volvió a toser una, dos, tres
veces por lo que las personas se alejaron de él.
Un
militar y un médico se acercaron.
-¿Está
bien?-
-Si
doctor, es sólo cansancio.-
-El
cansancio no provoca tos mi amigo. Me gustaría examinarlo.-
-Tranquilo
mi doctor, todo está bajo control. Fíjese, ya no tengo nada.-
-Me
temo que debo insistir.-
-En
serio, no creo que sea necesario…-
-Bueno,
basta de pendejadas, te vienes a la tienda con todo tu equipo por las buenas o
por las malas, pero te vienes.-
Entraron
a una especie de tienda de campaña militar improvisada desde donde comandaban
la desinfección de la comunidad y dónde estaban varias personas que lucían
quebrantadas y que tenían tos.
El
camarógrafo de Alberto se inclinó:
-Ahora si
nos jodimos, si no tenemos la vaina esa, acá la agarramos. ¿No podías aguantar
la tos?-
-Disculpa
Oscar
-No seas
marico, era broma. Estamos bien, ya verás.
Los
doctores tomaron las muestras de Alberto y su equipo para pruebas rápidas y las
tres dieron negativas. Procedieron a tomar la temperatura de cada uno y el
joven periodista tenía un poco de fiebre.
El jefe
médico se acercó, revisó las muestras y miró a Alberto:
-Despachen
al camarógrafo y chofer. Repitan prueba rápida y tomen muestra mucofaríngea-
Antes de
salir, Oscar miró a Alberto y le dijo: -Tranquilo mi pana, te esperamos-
-Nada de
eso- intervino un militar- deben desalojar la zona inmediatamente.
-Coño,
pero no podemos dejarlo-
-No
lo repetiré- indicó el uniformado.
-Avísale
a Irene-
-Si
va mi pana, todo va a salir bien-
Oscar
y el chofer se pusieron en camino y llamaron a Irene.
-Jefa,
Alberto está en un lío, los militares lo tienen aislado haciéndole pruebas del
virus porque y que tiene fiebre.-
-Ajá,
¿y qué quieres que haga?-
-Bueno,
tenía que saberlo. Nos pidió que le avisáramos, el chamo no tiene como salir de
ese barrio.-
-Ese
no es mi problema. Si está enfermo lo llevarán a un hospital y si no, ya es un
adulto como para cuidarse solo. ¿Tienen todo el material grabado?.-
-Sí.
Pero no pudo grabar sus entradas-
-Es
lo de menos, yo las grabo mañana y listo. Se salva el trabajo de ese inepto- Y colgó.
Alberto
estaba sentado en esa tienda de campaña, sólo y con miedo. Miraba sus manos,
pensaba en mil posibilidades mientras esperaba los resultados de la segunda
prueba.
El
jefe médico entró y mirándolo con detenimiento le dijo:
-Su segunda
prueba rápida aseguró que NO tiene el virus. La prueba molecular tarda 10 días
en darnos un resultado. ¿Cómo te sientes?, ¿Cómo estás respirando?-
-Bien , no tengo nada malo-
-¿Puedes
oler algo?-
-Si
se refiere al olor a mierda de afuera, claro que lo huelo, esa alcantarilla
está a tope.-
-Tu
temperatura está normal, al parecer es una falsa alarma.-
-¿Seguro
doctor?
-Si
tienes algún síntoma adicional se queda y va con nosotros a un hospital-
-Tranquilo,
creo que sólo necesito descansar.-
-Ya
tenemos sus datos y de ser positivo lo buscaremos en su casa para ser aislado y
tratado junto con su familia.-
Con
este pronóstico, Alberto salió de la instalación, ya era de noche y tenía que
bajar del barrio solo.
Mientras
caminaba pensaba en su trabajo, nadie lo llamó y captó el mensaje, no era
importante, a nadie le interesaba su paradero.
Miró
alrededor, no había nadie y sacó su teléfono para revisar sus mensajes y avisar
a casa.
-Epa
pajarito, ¿Qué haces por ahí?- Escuchó una voz entre las sombras de la calle.
El
joven sabía lo que venía. Tenía a tres sujetos por delante, sin mascarillas
pero con pistolas y entendió que querían su teléfono.
-Mi
pana, tranquilo, ya me voy, sólo estoy de paso-
-Eso
es verdad pajarito, ya te vas, pero nos dejas el teléfono antes.-
-Dale,
pero dame chance para…-
Alberto
sintió como un golpe en su cara lo llevó al suelo seguido de una lluvia de
puñetazos en su cuerpo. Patadas, puños e insultos que cayeron sobre él hasta
dejarlo sin conciencia.
Esa
mañana, en el canal, todos estaban inquietos porque Alberto no estaba. Irene
llegó a su hora habitual y encontró a todos reunidos conversando.
-¿Qué
es esto?, ¿Alguien decretó feriado y no avisaron?-
-Jefa,
Alberto no aparece.- respondió María Luisa
-Ese
vago-
-¿Vago?,
jefa es uno de los que más trabaja-
-¿Trabaja?,
ayer se puso a fingir que tosía y lo dejaron en una tienda de campaña
haciéndole pruebas por el virus.
-¿Fingir?,
esto es increíble, ¿de dónde sacas eso Irene?- La joven estaba entre asombro y
rabia.
-Es
un dramático, siempre se pone encorvado y con cara de cansancio. Seguro se fue
a beber por ahí.-
-Te
pasaste Irene, tú no puedes…-
María Luisa
iba a encarar a su jefa cuando Alberto apareció en la puerta, con la cara
sangrante, la ropa sucia y golpeado.
-Buenos
días, disculpen el retraso-
-Alberto-
Exclamaron todos
-Mijo,
hasta que llegas y con esas fachas.-
-Perdonen-
Cojeando se fue acercando a donde estaba el grupo
María
Luisa se dispuso a acercarse a él pero con una mirada la detuvo y avanzó hacia
Irene que se había distraído mirando su teléfono y no previó el gesto del joven
que la rodeó con sus brazos y le dio un beso en la mejilla.
-Jefa,
gracias por la oportunidad, pero debo tomarme el día-
-¡¡¡Abusador!!!,
¡¡¡pasado!!!, ¿Qué coño te pasa?, ¿de qué hablas?- gritaba Irene mientras
limpiaba su mejilla y sacudía su ropa.-
-Bueno
jefa, no ¿sintió mi mejilla caliente al abrazarla?, ¿No ha visto mi respiración?-
Alberto tosió- Me hicieron unas pruebas, ¿sabe?, pero hay algo llamado “falso
negativo”-



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