CONFINAMIENTO: DÍA 0
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| Cortesía ABC.ES |
DOMINGO 5 PM
Se declaró la cuarentena indefinida…
Ese decreto sembró terror,
incertidumbre y duda en muchas personas que, como Carmen y Sergio, que no tenían
casi comida en su despensa.
En ese país no había apoyo
del Estado para entrega de víveres a domicilio. En la alocución para instaurar
el encierro nunca se explicó un plan de acción para atender las necesidades de
una población que podía pasar semanas sin agua, donde muchos cocinaban con leña
y dónde los precios subían constantemente.
El confinamiento empezaría a
las 5 de la mañana del día siguiente y debían resolver la compra en menos de 2
horas antes que cerraran las tiendas pero vivían a 30 minutos del automercado
más cercano y no había transporte público.
Carmen y Sergio eran periodistas
y, aunque habían proyectado la cuarentena, no se la esperaban en el ocaso de un
domingo.
-Sergio, llama a Leonardo,
es la opción.-
-Será, esperemos que tenga
gasolina y vamos con él-
Leonardo no tardó en contestar
la llamada y con su amabilidad acostumbrada se limitó a responder: -Tranquilo
hermano, voy para allá-
5:20 PM
El hombre de 1,90, actitud bonachona y bermudas verdes
llegó en su carro en un tiempo muy corto para iniciar ese recorrido incierto para
buscar comida en una ciudad cercada, con locales cerrados, poco combustible y
miedo colectivo a lo incierto.
Leo, como lo llamaban, era
ingeniero en sistemas, se había quedado
sin trabajo pocos días antes en medio de la crisis y ahora dedicaba sus horas a
ser taxista por contrato logrando apenas lo necesario para sobrevivir. En este
punto él mismo no sabía cómo llevaría la cuarentena sin dinero.
-Tranquilos muchachos que
esto lo ubicamos.-Leonardo dijo estas palabras con más optimismo que realidad
pero sabía que algo tenía que estar abierto a las 7 de la noche.
De repente, Carmen se
sobresaltó
-Epa, métete por la plaza central, allá hay un sitio
pequeño que debe estar abierto-
-Mierda sí, lo recuerdo,
capaz que sí.
5:55 PM
Mientras se acercaban al sitio notaron a lo lejos un
tumulto de personas que cargaban con todo lo que podían sostener sus brazos. En
el piso se desparramaban el azúcar, harina y papeles de baño que habían sacado
del local.
El carro frenó y los tres
amigos sólo pudieron observar el saqueo unos minutos mientras asimilaron la
situación. La detonación de una bomba lacrímogena los sacó de su meditación.
-Coño, llegó la policía-
Dijo Sergio.
-Esto se va a poner feo,
vámonos de acá- Leo puso reversa, esquivó a uno de los saqueadores que sacaba
un arma y puso toda marcha.
En la distancia se escucharon
detonaciones y gritos pero ninguno volteó a ver, el único que levantó la mirada
al retrovisor fue Leo para asegurar que habían dejado atrás a las personas. En
el espejo, una nube de gas se alzó y el olfato de los amigos percibió que el
saqueo había derivado en algo más.
6:30 PM
Con el tiempo contado Sergio, Carmen y Leonardo habían
pasado varios locales cerrados y pasados en ese instante recorrían la autopista
central rumbo al este pensando en una opción para conseguir alimentos.
La ciudad estaba coronada por una montaña muy alta
cuyos picos en neblina en medio de la caída del sol dieron a Leo una idea.
-Voy a probar algo. Conozco
un mercado que queda cerca de la montaña, si está abierto coronamos porque no
suele tener mucha gente-
El Mazda azul se desvió hacia el norte de esa
metrópolis que había brillado pero desde hacía años lucía opaca, gris y sin
ánimos ante el despecho de los recuerdos de lo que fue.
Los jóvenes
llegaron a la colina cercana a la montaña donde había una pequeña urbanización
que se abastecía de este automercado que ya tenía sus puertas a medio cerrar;
ya habían entrado varias personas y sólo quedaban algunas personas en la cola
organizada por dos policías
Leonardo, Carmen y Sergio
bajaron corriendo.
-Oficial, por favor, no cierre
necesitamos comprar.- Dijo Sergio con la respiración entrecortada.
-Lo siento ciudadano, ya es
hora de cerrar, órdenes de la alcaldía.-
-Pero allá adentro todavía
están atendiendo, por favor, mire, somos 3 nada más, no tendrá problemas.-
El policía miró alrededor,
respiró
-Pasen, pero no digan nada,
compren todo lo que puedan porque no sabemos cuánto dure esto.-
-Gracias oficial- Entraron al automercado donde la gente
buscaba mantener la distancia, disimular el nerviosismo y comprar lo
estrictamente necesario.
Sergio y Carmen ya tenían
su carro lleno con las provisiones mientras Leonardo, portaba una cesta con
algunas pocas galletas y un refresco, se dio cuenta de la mirada de sus amigos.
-Tranquilos, yo compré
temprano pero me faltaba la merienda.- Sonrió a la pareja que le devolvió el
gesto.
Cerca de la caja, hubo un
grito en un pasillo, un hombre trataba de robarse un paquete de pasta y otro de
harina, el hombre corrió pero los
guardias de seguridad actuaron y todo se resolvió aunque la atmósfera del local
había cambiado, la esperanza de la compra se vio diluida por la realidad del
peligro latente del desabastecimiento; había un aire de peligro, de amenaza y
olor a más disturbios en el horizonte. Había que regresar a casa.
Sergio se separó del grupo
con un “ya vuelvo” mientras Leonardo y Carmen se quedaron esperando para pagar
en una larga fila que parecía interminable.
Al rato, Sergio apareció
con una cesta llena de pollo, fruta, pasta, harina y queso.
-Esto es para tí hermano.-
-¿Qué es?, ¿Estás loco
Sergio?-
-No seas marico y agarra. Sé
que no la estás pasando bien y nosotros te hemos hecho gastar la poca gasolina
que tienes sin cobrar la carrera. Mira que si no la agarras me voy a arrechar
contigo y no te invito a comer sopa en la casa cuando todo pase.-
Leonardo lo pensó por unos
segundos, tomó la cesta y con un apretón
de manos en medio de una sonrisa sellaron el agradecimiento que se tenían por
el apoyo en la crisis y se volvieron a formar en una maratónica cola para
pagar.
9 PM
El grupo pagó la compra, se dirigió al carro pero
Carmen los llamó.
-Vengan- Y cruzó la calle hasta una plaza.
-¿Qué pasó cariño?- Indagó Sergio.
-Miren esto- Señaló la calle. Salvo por quienes salían
del mercado y caminaban con prisa a sus carros, todo estaba vacío y un silencio
comenzaba a poblar las vías y caminos que una vez estaban rebosantes de personas.
-Todo ha cambiado- Afirmó Sergio.
-Sí, el mundo ha cambiado y no será como antes-
Sentenció su esposa.
El grupo llegó sin problemas a la casa de Sergio y
Carmen quienes bajaron su compra y se despidieron de Leonardo con un abrazo que
por breves segundos les llenó de miedo pero decidieron olvidar ese sentimiento
y aferrarse a la amistad.
-Cuídate Leo.- dijo Carmen.
-Mosca por ahí.- agregó
Sergio
-Claro que sí, se cuidan
muchachos y si me necesitan llamen.-
Ni Leonardo, Sergio ni Carmen
imaginaron que ese sería el inicio de más de 200 días de encierro para todo un
país.



Excelente relato, Rafa. Debes hacer una segunda parte, necesitamos leer que fue de la vida de Sergio, Carmen y Leo durante los 200 días y contando.
ResponderEliminarGracias Kat, vamos a ver si nos echan el cuento jejeje. Un abrazo
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